Conocernos
Entrevista a Antonio González Ciria.
La afición que se convirtió en
profesión.
Ingeniero en Informática por la Universidad Politécnica de Cataluña y postgrado en Diseño e Implantación de Aplicaciones Cliente/Servidor Avanzadas, por la misma universidad, desde 2008 Antonio ejerce como Arquitecto de Software en el Centro Tecnológico del Notariado. Define las labores de un arquitecto como “poner la tecnología al servicio de la empresa para ayudar a conseguir los objetivos establecidos”. Esto implica realizar un seguimiento activo de las nuevas tecnologías, identificando aquellas que se pueden aplicar en nuestros sistemas mediante análisis teóricos y/o pruebas de concepto. Y, en caso de aprobarse su adopción, recalca que es preciso “crear las guías y los mecanismos para su implantación y velar por la correcta aplicación de estos”.
A lo largo de estos años, Antonio ha compaginado sus actividades profesionales con la docencia, otra de sus grandes pasiones. “He tenido la suerte de poder impartir cursos tanto dentro como fuera del Centro Tecnológico y lo recomiendo pues, como siempre digo, he acabado aprendiendo más de mis alumnos que ellos de mí”, comenta.
En el campo de la Inteligencia Artificial (IA), su experiencia previa se centra en el procesamiento del lenguaje natural, con alguna breve incursión en el de imágenes. La extracción de datos estructurados -información organizada a la que una máquina puede acceder y procesar fácilmente a partir del lenguaje natural, que es el que utilizamos los humanos- es un objetivo largamente perseguido por el Centro Tecnológico del Notariado, aunque de una complejidad extrema. “A lo largo de los años se han ido produciendo avances significativos en esta tecnología y con cada salto evolutivo hemos realizado pruebas de concepto para comprobar si el estado del arte permitía alcanzar nuestro objetivo”, apunta Antonio.
Prueba de concepto
En la actualidad, el Centro está realizando una prueba de concepto con la última generación de las IA, las llamadas Inteligencias Generativas, basadas en modelos de lenguaje de gran tamaño (Large Language Model), como por ejemplo GPT, LLaMA o BERT. Según indica Antonio, “estos modelos se entrenan con miles de millones de palabras pertenecientes a textos de todos los ámbitos del conocimiento, con lo cual pueden dar respuestas tanto técnicas como de carácter general”.
La prueba de concepto que se está llevando a cabo consiste en proporcionar, como instrucción, el contenido de una escritura y las guías necesarias para que el modelo sea capaz de generar el código JSON que utiliza el expediente electrónico, algo que, en opinión de Antonio, “es bastante complejo, pues un simple cambio en la instrucción puede generar un resultado con una estructura diferente a la necesaria e incluso con datos que no constan en la escritura, lo que no siempre es deseable”.
Antonio hace hincapié en que las Inteligencias Artificiales Generativas pueden utilizarse como soporte para muchos de los procesos notariales, pero nunca sustituyéndolos, ya que estas inteligencias sufren de alucinaciones, “término que se utiliza para denominar aquellos resultados que, aún escritos de forma coherente, contienen datos inventados o incorrectos y esto, en según qué actos jurídicos, podría tener graves consecuencias”. Y añade que “pueden ser de gran ayuda, eso sí, en la extracción de datos automatizada o como herramienta para la revisión y el análisis de grandes volúmenes de documentos, buscando errores, inconsistencias, clausulas problemáticas o incluso identificando patrones y desviaciones de estos”.